miércoles, 5 de mayo de 2010

Izquierdismo prehispánico

Contrariamente a lo que muchos ultraderechistas despistados suponen, la idea de fundamentar una sociedad basada en una distribución más o menos igualitaria de las riquezas y los bienes disponibles al alcance de los miembros de dicha sociedad sin permitirle a nadie enriquecerse en forma desproporcionada con respecto a los demás (como el que un 5 por ciento de la población acapare el 95 por ciento de la riqueza nacional mientras que el restante 95 por ciento de la población posea únicamente el 5 por ciento de lo que sobre de esa riqueza nacional, como lo pregonan los cánones del salvaje capitalismo neoliberal que se practica en México) no es una idea original de Karl Marx ni de Lenin ni de los bolcheviques que precedieron a los comunistas en Rusia. Es posible encontrar varios de los conceptos esenciales de esto que se podría considerar como izquierdismo en nuestros tiempos en las mismas raíces ancestrales del México de hoy, en el México prehispánico, en el Calpulli de los aztecas.

De una edición del periódico Excélsior de la Ciudad de México casi olvidada el día de hoy y recogida para la posteridad por Spectator, se reproducen textualmente los siguientes párrafos:

Mao Tse-tung Dijo que el Calpulli Azteca
le Sirvió de Modelo Para la Comuna Popular
Sección Sociales (sección B)
María Idalia
Excélsior
6 de mayo de 1971

* Romero Vargas Iturbide tiene la carta de Mao
* Magaloni: “Investigar y dar, el Juego más alto”
* Maravillas de la Educación Preamericana

“Fue copiando el funcionamiento del cosmos, que nuestros antepasados solucionaron su problema vital... Y en nuestros tiempos, hay cosas tan impresionantes como la que dice Romero Vargas Iturbide, autor de Las Legislaciones de los Aztecas, y que a la letra dice:
“La República Popular China tradujo a su lengua mi Organización política de los pueblos de Anáhuac, y según carta de Mao Tse-tung que obra en mi poder, el calpulli le sirvió como modelo para echar a andar su comuna popular, o sea esta forma de trabajo colectivo realizado por el bien común”.
Y continúa el profesor Magaloni:

“Resulta impresionante tomar en cuenta que un país aletargado que pone en acción el calpulli mexicano, goce en unos cuantos años de una gran prosperidad”.

-¿Piensa usted que la gran cultura occidental aceptaría esto?

-Naturalmente que no, pues actualmente tiene miedo de desaparecer; evolucionar es la máxima ley del cosmos, y evolucionar es cambiar. No puede existir una cultura que sea para siempre”. DEL POPOL VUH:

“Tenemos la convicción (el profesor habla generalmente en plural, excepto cuando cree necesario subrayar específicamente algo) de que la sociedad preamericana se postuló políticamente cósmica, estableciendo por observación en la naturaleza, una organización comunal... Educados y seleccionados por el Popol Vuh, los pueblos preamericanos no conciben el aislamiento individual ni la exaltación de la vanidad personal. La primera representación del Popol Vuh se refleja en la organización social. La base es inconmovible, porque es naturaleza... El Popol Vuh es el único libro de la humanidad que comienza la historia del hombre desde que era mineral, al vegetal, al animal y al hombre; y además, prevé y consigna otras etapas evolutivas más allá del ser humano. ¿O acaso es concebible que todo el cosmos haya venido evolucionando únicamente para llegar al hombre?... Ahora bien, debemos observar nosotros que en nuestra arquitectura preamericana no se manifiesta un alter ego, sino nuestro yo cósmico, porque el cosmos somos nosotros. El ser humano en Preamérica, observó atentamente el comportamiento de las entidades que componen el cosmos y confirmando que todas estas entidades actúan en cooperación, colectivamente, formuló su cosmovisión comunal sin escindir la de la terrenalidad y la transportó a la comuna humana.

“Dice el doctor (Albert) Leprince, que el cuerpo humano es una antena que recibe y transmite los mensajes de toda clase que le llegan de todo el universo. Nuestro ser, con la concepción comunal cósmica, se difunde más allá del amor a una sola persona, siente el inmenso amor colectivo, la consubstanciación; allí todos los seres humanos forman un convoy en marcha... Podemos, empleando la escala de valores preamericanos, clasificar, la ética, de esencia comunal en el cosmos. Y obtenemos una definición hoy desconocida: El Bien es lo que tiene a promover la evolución, y el Mal lo que tiende a detenerla”.

“El juego es también en cada uno de sus grados referible al sentimiento comunal. Aplicando explicaremos: Cuando varios niños juegan, su juego es referible a la alegría comunal. Los juegos más altos de los hombres son indagar, investigar, dar. Así clasificando el juego, comunalmente, ya no “resiste a todo análisis y a toda interpretación” como afirma J. Huitzinga en su famoso libro Homo Ludens.

Aunque había clases sociales diversas entre los aztecas, ellos hubieran encontrado insultante en grado extremo el permitirle a cualquiera de sus miembros un acaparamiento y una acumulación desbordante de las riquezas como lo vemos el día de hoy merced a la práctica desbocada de un capitalismo salvaje y depredador que está acabando rápidamente con los limitados recursos del planeta, los cuales no son infinitos, mismo sistema económico neoliberal que los conservadores de derecha de hoy en día han adoptado para justificarse a sí mismos el obtener las mayores ganancias económicas posibles en el menor tiempo posible por amorales que sean los medios lucrando con todo desde la drogadicción de los jóvenes y la expoliación de los limitados recursos del planeta hasta el fanatismo de los seguidores de una organización fanática sin importar los costos y las consecuencias a la larga. Tuvieron que llegar los avorazados Conquistadores españoles al Nuevo Mundo para sentar la pauta de una nueva forma de pensar bajo la cual el acaparamiento y la acumulación de riquezas en grado desmedido no sólo es aceptable sino inclusive deseable. Uno de los mejores ejemplos de tal manera de pensar lo tenemos en Pedro Romero de Terreros, el famoso Conde de Regla. De haber vivido en la actualidad, sin lugar a dudas habría ocupado uno de los primerísimos lugares en la lista Forbes de los hombres más ricos del Nuevo Mundo. Y de hecho Don Romero de Terreros era el hombre más rico de la Nueva España, y posiblemente del mundo entero, y sus extravagancias llegaron a tal grado que en un momento de su vida consideró seriamente la idea de pavimentar con plata la calzada que uniría la ciudad de Pachuca con el puerto de Veracruz para cuando el Rey de España hiciera una visita a sus posesiones en el continente americano (¡y el Conde de Regla tenía los recursos para ello!). El origen de su enorme fortuna radicó -como pudiera esperarse- en la explotación de minas de oro y plata en lo que tiempo después sería México. Al igual que varios de los multimillonarios del hoy cuyas vidas no les bastarían para contar las fortunas que poseen, Romero de Terreros se dedicó activamente a actividades filantrópicas, lo cual desde luego no tiene nada de reprochable.

El problema del ejemplo legado por los españoles que se radicaron en la Nueva España trayendo consigo la mentalidad de que la concentración excesiva de riquezas y bienes materiales en manos de unos cuantos es algo que no tiene nada de malo y mucho de bueno es que sembró las bases de la tremenda y brutal disparidad de clases sociales que padece hoy en día la sociedad mexicana. En ningún otro país del continente americano encontramos un abismo de tal magnitud entre pobres y ricos. Precisamente el mismo país en el que vive el hombre más rico del mundo es el que expulsa anualmente a centenas de millares de sus ciudadanos hacia el extranjero porque la única alternativa que les ofrece en casa es morirse de hambre.

Pese al mérito de los aztecas de fundar una sociedad con un socialismo que tiene varias cosas en común con el socialismo que se practica en varios países europeos, no se les puede atribuír a ellos el logro de haber sido los primeros en materializar este tipo de ideas, porque con 1,500 años de anterioridad a los Aztecas, en lo que hoy se conoce como la Palestina, un predicador judío y sus apóstoles trajeron un nuevo mensaje según el cual la acumulación desmedida de riquezas no lo es todo en la vida, y el fundador de este grupo llegó a afirmar de manera categórica que “es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja a que un rico entre al Reino de los Cielos” (San Mateo, 19-24), agregando también de modo categórico “¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si al final pierde su alma?”. Sin lugar a dudas los seguidores de este predicador judío se habrían quedado con la boca abierta al ver cómo las enseñanzas del Maestro cayeron en saco roto en la actualidad ante los Board of Directors de las grandes empresas financieras y los vastos emporios comerciales y educativos dirigidos por tipos que de boca se proclaman creyentes en las enseñanzas de este predicador judío pese a que lo que practican es todo lo contrario de la humildad que distinguía al predicador y sus apóstoles.