sábado, 27 de diciembre de 2008

Encubrimientos

Hemos hablado dentro de esta bitácora acerca de actos de sabotaje, debidamente documentados, para impedir que lo que se está dando a conocer aquí pueda llegar a la comunidad mundial de internautas. Pero no sólo lo que ha estado publicando Spectator ha sido objeto de tales ataques. Además de la censura y desinformación que se practica en México al amparo del poder, hay otros tipos de ataques en contra de la libertad de expresión y la libertad de prensa. Hablaremos aquí acerca de otro de ellos.

Casi para terminar el año 2008, ocurrió un hecho que pasó inadvertido por las distracciones ocasionadas por la temporada vacacional decembrina. Repasando los diarios de México de los últimos días del año, encontraremos una noticia como la siguiente publicada por uno de los diarios más importantes de la frontera norte de México:

Volver al pasado
De los reporteros
EL DIARIO
26 de diciembre del 2008

Hace unos días, una lectora que había visto una entrevista que le hicieron en televisión a la ganadora del Premio Nacional de Periodismo Anabel Hernández, en la que el tema era su nuevo libro ‘Los cómplices del presidente’, se interesó en comprar ese título.

Acudió al Sanborn’s de Misiones y preguntó por él, le dijeron que sí lo tenían, que en un momento se lo entragaban, no habían transcurrido mas que unos segundos cuando el empleado regresó con una expresión de vergüenza y le dijo: “Sabe qué, me dicen que en cuanto llegó el libro se presentó una persona y compró todos los ejemplares”.

El hecho despertó todavía más el interés de la lectora, por lo que se dirigió al otro Sanborn’s, al del paseo Triunfo de la República, pero le dijeron lo mismo. Tampoco lo encontró en otras librerías de la ciudad, por lo que molesta por lo ocurrido llamó a El Diario para comentar al respecto.

Acudimos a la tienda en cuestión y, efectivamente, nos confirmaron que ‘alguien’ había comprado todos los libros que llegaron a la ciudad de ‘Los cómplices del presidente’.

El libro en cuestión, de acuerdo con la página de Reporte índigo (RI) –en la que trabaja la propia Hernández–, revela la otra tragedia que vivió el hombre fuerte del calderonismo, Juan Camilo Mouriño, y su secuestro en 1996. La página ofrece incluso algunos audios en los que Juan Camilo narra de viva voz lo que sucedió mientras estuvo en cautiverio.

Indica esa misma página de Internet que “semanas antes de la tragedia del Learjet en el que muriera Mouriño, la periodista Anabel Hernández entregó a Editorial Grijalvo la última versión de su nuevo libro.

“Bajo el título ‘Los Cómplices del Presidente’, la periodista presenta al detalle los contratos entre la familia Mouriño y dependencias del gobierno federal. Expone 167 contratos.

“Anabel Hernández también habla con profusión del meteórico ascenso empresarial de la familia Mouriño Atanes, tanto en México como en España. Igualmente desmenuza el caso de Genaro García Luna”.

Así es como en términos generales se describe el contenido del libro que fue retirado de las librerías de esta ciudad antes de que se pudiera vender un solo ejemplar, en un hecho que no es inédito, pero que sí se creía rebasado, sobre todo después de la ‘transición política’ por la que atravesó México en el año 2000.

Seguramente que el intento de quienquiera que haya estado detrás del retiro de los libros, por evitar que este fuera distribuido en Juárez, provocará una reacción contraria.

En El Diario, por lo pronto, ya solicitamos nuestra copia del mismo a través de Internet, y les estaremos comentando una vez que lo hayamos leído.

A la lectora que nos enteró de la situación, le recomendamos que hiciera lo propio, comprarlo a través de Internet y seguramente muchos de ustedes ya están interesados en hacer lo mismo. Suerte.

Lo sucedido en aquella metrópoli norteña no es un hecho aislado. Varios lectores de Spectator le han estado reportando lo mismo desde otras ciudades y otros estados. Esta “limpia” total de todas las impresiones del libro que se encuentran -o se encontraban- disponibles en las librerias ha estado ocurriendo en lugares tales como Guanajuato, Jalisco, Querétaro, Baja California y Yucatán. El modus operandi es exactamente el mismo, se trata de uno individuo solitario que llega de improviso a una librería y adquiere todos los ejemplares disponibles del libro pagando en efectivo de una cartera repleta de billetes de alta denominación, tras lo cual el mismo individuo se traslada a otra librería para vaciar todos los ejemplares de la misma. Y como esto ha estado ocurriendo simultáneamente en varias ciudades en varios estados, los sucesos sugieren que no se trata de un solo individuo haciendo estas compras sino que se trata de una operación conjunta planificada para que dicho libro no pueda llegar a manos del público lector mexicano.

El libro en cuestión que han estado intentando desaparecer es el libro Los cómplices del Presidente:





de la conocida autora-investigadora Anabel Hernández, la misma que escribió el libro Fin de Fiesta en Los Pinos.

Naturalmente, surge la pregunta sobre qué exactamente es lo que estarían tratando de ocultar del conocimiento del público quienes se estaban encargando de vaciar las librerías esperando que nadie se diera cuenta de ello. Para mala fortuna de los conspiradores que están desesperados por que este tipo de materiales no lleguen a manos del público lector, al igual que como ocurrió con la película El crimen del Padre Amaro las burdas intentonas de encubrimiento lo único que han hecho ha sido despertar aún más la curiosidad de la gente por enterarse de aquello que se le quiere ocultar. Y varios conocidos analistas y editorialistas están difundiendo algunos de los contenidos más relevantes del libro. Uno de ellos es el conocido analista Miguel Ángel Granados Chapa del cual tenemos lo siguiente:
Los cómplices del Presidente
Miguel Ángel Granados Chapa
Plaza Pública
28 de diciembre del 2008

En el año que acaba de terminar aparecieron libros clave para entender la situación política mexicana de hoy. Uno fue escrito con el rigor analítico que proveen las ciencias sociales: 2006: hablan las urnas, en que José Antonio Crespo expone, como reza el subtítulo, “las debilidades de la autoridad electoral mexicana”, fórmula suave para señalar el fraude cometido por el Tribunal electoral, cuyos magistrados basaron su declaración de validez en un torcimiento del contenido de las actas. Otro, el de Luis Carlos Ugalde, Así lo viví, es un testimonio subjetivo publicado con la pretensión de justificar su papel en el proceso electoral de 2006, como presidente del IFE. Uno más, Señal de alerta es el alegato de un militante de la ultraderecha, Manuel Espino, convertido en jefe de la oposición panista al gobierno de Calderón. Y otro, el que da título a la columna de hoy, cuya autora es Anabel Hernández, que lo entiende como una contribución a que “el periodismo en México sea el reflejo de lo que los mexicanos merecemos y queremos: un país libre de impunidad, en el que la corrupción ya no sea más una conducta institucionalizada del Estado”.

La autora, que recibió el Premio nacional de periodismo por sus reportajes, publicó en 2005 La familia presidencial, escrito en coautoría con la también reportera Areli Quintero; y al año siguiente Fin de fiesta en Los Pinos, ninguno de los cuales fue impugnado por sus protagonistas ante los tribunales, como hicieron en cambio Marta Sahagún y sus hijos con otras obras que los describían. En su nueva obra, que reúne y amplia materiales aparecidos en la revista electrónica Reporte Indigo, dirigida por Ramón Alberto Garza, la periodista documenta la relación de Juan Camilo Mouriño y Genaro García Luna con Felipe Calderón. El libro, terminado de imprimir en noviembre pasado, justo en los días en que, muerto el secretario de Gobernación su deceso fue tenido como funeral de Estado, no perdió por ello vigencia. Al contrario, su contenido explica la desproporción del duelo manifestado por el presidente de la República quien, respondiendo a una pregunta sobre el peor momento de su gestión no se refirió, por ejemplo, al atentado terrorista en Morelia, sino a la pérdida de su colaborador, lo que subraya la convicción generalizada de que acaso sea un muy buen amigo pero está lejos de ser un estadista.

La portada del libro (una fotografpia de Guillermo Perea, de la agencia Cuartoscuro) muestra a los tres protagonistas sonrientes, a bordo de un vehículo descubierto de la Policía federal. García Luna a la derecha y Mouriño a la izquierda, flanquean al presidente. El primero oculta casi por completo al procurador Medina Mora y al secretario de Marina almirante Sáynez. Mouriño, a su vez, cubre con su rostro el del general Guillermo Galván, colocado en la foto en un segundo plano.

La periodista dice que los funcionarios que lo flanquean “son hoy por hoy los dos hombres más cercanos al Presidente Felipe Calderón, que cada día paga un alto precio por mantenerlos en sus cargos y cada día que pasa nos hace pagar una parte de ese costo a todos.

“Mouriño es un funcionario muerto desde que se hicieron públicos sus contratos con PEMEX. No es interlocutor, ni tampoco le interesa serlo. Sigue más ocupado en sus negocios que en servir al país. Ahí están los nuevos contratos en el sexenio y las nuevas franquicias de gasolina que su familia obtuvo. Sigue más ocupado en manipular los asuntos internos del PAN para satisfacer sus ambiciones para 2012 que en atender los asuntos internos del Estado. Su viejo estilo corrupto de hacer política y negocios, envuelto en un traje de Ermenegildo Zegna y con un rostro joven hoy no engaña a nadie.

“García Luna es más peligroso aún. Ni Calderón ni Mouriño han caido en la cuenta del perfil del secretario de seguridad pública. Es un hombre cuya biografía prueba que fue creado en las cañerías del viejo sistema del PRI, el sistema represor, el sistema en el que hombres como Miguel Nazar Haro, Luis de la Barreda, Jesús Miyazawa, Arturo El Negro Durazo, Jorge Carrillo Olea, Francisco Quiroz Hermosillo y José Antonio Zorrilla, por citar algunos, tenían el poder para hacer y deshacer”.

El libro de Anabel Hernández abunda en documentos y testimonios sobre la inconfiabilidad de García Luna, lo cual obliga a preguntarse sobre el motivo de que Calderón no solamente lo mantenga en su cargo sino que lo avale reiteradamente. Con base en un relato de Espino, la autora sugiere que el secretario de seguridad pública lo es y seguirá siéndolo porque posee información que de ser divulgada comprometería a Calderón.

Esa información versa sobre un sistema de escucha telefónica organizado desde la oficina del candidato presidencial panista para hostigar a sus adversarios, entre ellos el propio presidente del PAN entonces. El procurador Daniel Cabeza de Vaca confirmaría el hecho a Espino: le contó que la Agencia federal de investigación, AFI, dirigida por García Luna en aquel entonces “dio con el domicilio donde se hacía el trabajito” y que “el expediente de esa investigación… lo conservaba García Luna”. Un asesor de la PGR dijo a Anabel Hernández que el director de la AFI “fue con Juan Camilo y la gente de Calderón a prevenirlos sobre lo que habían descubierto y se puso a sus órdenes”, de lo que la reportera infiere:

“Eran momentos muy delicados. Calderón y su equipo estaban en la cuerda floja. Nadie sabía a ciencia cierta si lograría tomar posesión o no. Si el caso del espionaje a Josefina Vázquez Mota, a López Obrador y a Espino Barrientos, se ventilaba, hubiera sido su fin… La complicidad permitió la toma de protesta. Y esa complicidad le ha salido muy cara al gobierno de Felipe Calderón. Ha tenido que pagar comprometiendo la propia estabilidad del país al mantener a dos funcionarios que en el sexenio de Vicente Fox fracasaron en sus tareas, Medina Mora y García Luna. A los dos se les dispensa todo, incluso la corrupción y la ineptitud”.

El libro traza las biografías de Mouriño y de García Luna y dibuja las redes de su poder. Es notoria la formación de un grupo de diez funcionarios que han acompañado al secretario de seguridad pública desde sus días del Cisen y ante los cuales han fallado los filtros y el control de confianza. Algunos de esos funcionarios han sido asesinados. Por lo menos uno de ellos, Edgar Millán, fue ultimado por miembros de la Policía Federal Preventiva, de la que era jefe. Otros miembros de ese equipo actúan en la cúpula de la seguridad pública federal. Ese es el caso de Facundo Rosas, recientemente removido de la subsecretaría de estrategia e inteligencia policial (para dejar en su lugar al general de división Javier del Real) pero mantenido en otra posición de semejante nivel. Y es el caso de Luis Cárdenas Palomino, coordinador general de inteligencia para la prevención del delito, cuya firme amistad con el secretario lo hace inamovible y no investigable pese a claros señalamientos en su contra. Hace tres meses, el dos de octubre de 2008, la autora presentó ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos una queja contra Cárdenas Palomino, por amenazas que le ha dirigido “a raíz de las investigaciones que he publicado sobre su grupo”.

Son varias y contundentes las denuncias contra los vínculos de García Luna y los suyos con grupos delincuenciales. El Presidente Calderón las conoce pero desestima sus alcances. El propio general secretario de la Defensa Nacional lo ha hecho (y acaso por ello un hombre de su confianza reemplaza en el cargo número dos de la SSP a uno de los secuaces de García Luna)

Tras su investigación (publicada por Grijalbo, como sus libros anteriores), Anabel Hernández concluye que Mouriño y García Luna “no son la enfermedad sino el síntoma de un problema más grave: Felipe Calderón (puesto que) el presidente es el único responsable de mantener a JC y a Genaro en sus puestos. Es el presidente de la república quien los tolera y mantiene a pesar de todo. ¿Lo hace voluntaria o involuntariamente? Hay incluso quienes se preguntan si en vez de jefe es rehén de los dos. De ese tamaño es el nivel de complicidad de lo ocurrido en la campaña de 2006 y en lo que va del presente gobierno…”

La reseña dada por Miguel Ángel Granados Chapa documenta hechos del dominio público que lograron ser hilados por la autora del libro, pero no queda claro qué es lo que había dentro del libro que pudiera ocasionar preocupación a quienes en brigadas furtivas intentaron vaciar las librerías en las cuales dicho libro estaba a la venta. La pista más fuerte la tenemos en otra reseña que detalla algo importante que se debería de haber sabido y que se debería haber dado a conocer públicamente por las mismas autoridades el mismo día en el que el Secretario de Gobernación Juan Camilo Mouriño perdió la vida en un extraño accidente: el secuestro cometido en contra de Juan Camilo Mouriño en 1996 en la ciudad de Campeche para la consumación de una venganza. Esto lo podemos ver en la siguiente reseña para la cual Reporte Índigo substanció sus revelaciones poniendo a disponibilidad de sus lectores en exclusiva los audios en los que Juan Camilo narró de viva voz lo que sucedió mientras estuvo en cautiverio.

Semanas antes de la tragedia del Learjet en la que muriera Juan Camilo Mouriño, la periodista Anabel Hernández entregó a Editorial Grijalvo la última versión de su nuevo libro.

Bajo el título “Los Cómplices del Presidente”, la periodista de Reporte Índigo presenta al detalle los contratos entre la familia Mouriño y dependencias del gobierno federal. Expone 167 contratos.

Anabel Hernández también habla con profusión del meteórico ascenso empresarial de la familia Mouriño Atanes, tanto en México como en España. Igualmente desmenuza el caso de Genaro García Luna.

Pero hay un capítulo que revela el otro drama de Juan Camilo. El que vivió a los 25 años en Campeche, cuando fue secuestrado durante casi un mes por un presunto ajuste de cuentas que los plagiarios querrían hacer con su padre.

Éste es el testimonio directo, publicado con la autorización de la autora y de Editorial Grijalvo. La experiencia incluye grabaciones inéditas dadas a conocer hoy por primera vez en Reporte Índigo.

Dichas grabaciones se hicieron durante los interrogatorios a los que fue sometido quien 12 años más tarde se convertiría en el secretario de Gobernación y jefe del Gabinete de Seguridad. Conoce los detalles.

LAS GRABACIONES DE MOURIÑO

“Esto es una venganza"

En el año 1996, cuando Juan Camilo Mouriño tenía 25 años fue secuestrado en la ciudad de Campeche meses después de la boda de su hermano Carlos, quien se casó en 1995.

El móvil del secuestro fue una venganza. Así lo narró el propio Juan Camilo Mouriño, pasado un tiempo del secuestro.

Como parte de la investigación que realicé para escribir el libro “Los Cómplices del Presidente”, publicado por el sello Grijalbo de Random House Mondadori, obtuve las grabaciones del testimonio dado directamente por Juan Camilo a un hombre que lo interrogaba, presuntamente un policía. Juan Camilo iba acompañado de su abogado.

Las cintas forman parte de las más de siete mil grabaciones que se encontraron en 1998 en el interior de una casa de espionaje montada en la ciudad de Campeche por orden del gobernador del estado, Jorge Salomón Azar García (1991-1997), la cual funcionó hasta 1997, el primer año de gobierno de José Antonio González Curi.

Las cintas son reveladoras y le quitan el velo a una serie de especulaciones sobre el secuestro de Juan Camilo. Incluso a datos falsos dados por el funcionario.

Hace unos meses, el propio Juan Camilo señaló públicamente que estuvo secuestrado por una semana. Pero según su testimonio en estas grabaciones, el secuestro apenas duró de 28 a 29 horas.

Al mismo tiempo, explicando el móvil de la venganza, Juan Camilo se refiere a los problemas fiscales de su padre, Manuel Carlos Mouriño Atanes, que en 1995 lo obligaron a salir del país.

En los audios y su contenido se reflejan varios rasgos de la personalidad del ex secretario de Gobernación. Por ejemplo, pese a que a los 18 años adoptó la nacionalidad mexicana, a sus 25 años seguía hablando con un marcado acento español.

Esta es la voz de Juan Camilo hace 12 años, cuando aún no ingresaba a la vida política del país.

El secuestro de Juan Camilo Mouriño Terrazo por sí solo sería un caso más de la nota policiaca de no ser por algo importante: este hecho que debería haber sido la principal justificante para reforzar la seguridad personal del segundo funcionario más importante de México no pesó en lo absoluto para aumentarle al Secretario de Gobernación su protección personal. Por el contrario, se encontraba más desprotegido que muchos funcionarios estatales de mucho menor rango el día en el que perdió su vida en aquél extraño accidente.

Como es bien sabido, con aquél extraño accidente ocurrido el 4 de noviembre del 2008 el Secretario de Gobernación Juan Camilo Mouriño dejó de ser un “problema” no sólo para su patrono Felipe Calderón -que estaba comprometido y en deuda con él por su ayuda y sus artes con las cuales le ayudó a dar el golpe que le permitió a Felipe Calderón llegar a la Presidencia de México de la manera más cuestionada en las últimas décadas- sino para la ultraderecha encubierta que se está apoderando de México tras bambalinas y que lo veía no sólo como un estorbo para las elecciones del 2009 para la renovación del Congreso sino inclusive como un enemigo.

En todo este asunto, la pregunta más incómoda que podría formulársele al Presidente de la República es la siguiente:

¿Por qué, pese a que apenas doce años atrás Juan Camilo Mouriño Terrazo fue el blanco de un secuestro, se le dejó desprotegido a merced de un posible atentado?

Quizá ésta es la pregunta incómoda que movió a quienes estuvieron vaciando los anaqueles de las librerías el libro Los cómplices del Presidente.